Desencantado de lo profundo, resido en mis ojos.
Francisco Umbral (¿o debería decir el insuperable Umbral?)
Francisco Umbral (¿o debería decir el insuperable Umbral?)
Somos lo que queda apresado, con desconsuelo o esperanza (que todo es literatura), en el final de nuestra mirada sobre el mundo. La mirada es una conclusión. El amor (querida y atlántica Susana) un reconocimiento. El destino, tan serio y riguroso, es una excusa. El azar, juguetón y endiablado, es un argumento. Vivir no es más que trastocar lo azaroso que nos ocurre para que parezca destinado. O predestinado. Tocar es una necesidad imperiosa, a veces luz sobre un cuerpo a veces apagado. No concibo que vaya pasando el día sin haber tomado una copa de vino. Hay tantas cosas que no concibo. Creo que he aprendido a volar. El paso del tiempo es un buen aliado. Amo la soledad como sólo se puede amar aquello que es imprescindible. Jamás negocio con la soledad o los besos. Estoy convencido de no haber olvidado nada y, sin embargo, hay momentos en los que no soy capaz de recordar. Son momentos gratos: rompo espejos que me devuelven una imagen que me gusta escribir. Siempre hay una voz que lee lo que escribo. Cuando noto una voz cercana, distingo mejor los colores. No me gusta hablar de la amistad, pocas cosas me gustan más que hablar con los amigos. Un amigo, en román cursi sea dicho, es un tesoro. Valoro la amistad por encima del amor. Si alguien me dice que “la libertad de uno concluye donde comienza la de otro” invento rápidamente una excusa, me da igual que quede convincente o no, y me marcho. Odio los lugares comunes, me dan picores, alergias, no sé, muta mi personalidad y me comporto de un modo raro. Si veis que no escribo, podéis llamar a casa para dar el pésame a mi familia. Hay una radio encendida a mi lado desde que tengo uso de razón. Voy teniendo una edad y he sido capaz de sortear, hasta la fecha, cualquier tentación de sentar la cabeza. Mi teléfono portátil es el menos móvil de los teléfonos: rara vez no se queda en casa. Soy un hipocondríaco cuya salud es de hierro. No me gusta la gente especial, prefiero elegir del mismo montón al que pertenezco. La gente se huele, el olor también es un reconocimiento. No me da miedo el miedo porque lo considero el principio. La Filosofía no surgió hasta que no fue vencido el miedo a la pregunta y su respuesta. El amor nace del miedo. Le tuve miedo al mar y hoy amo al mar. Le tuve miedo a escribir y…
Tras mucho buscar, he logrado encontrar un ático donde vivir, que puedo pagar sin mucho esfuerzo. O con un esfuerzo que me gusta llevar a cabo cada mañana, cuando despierto y descubro que, desencantado de lo profundo, resido en mis ojos.
Tras mucho buscar, he logrado encontrar un ático donde vivir, que puedo pagar sin mucho esfuerzo. O con un esfuerzo que me gusta llevar a cabo cada mañana, cuando despierto y descubro que, desencantado de lo profundo, resido en mis ojos.
