lunes, 18 de octubre de 2010

(La sorpresa)



Gracias, Lola, porque fue una maravillosa sorpresa. Gracias también a mi compañera de trabajo, y sin embargo amiga, Cristina, mujer nacida para ser amada y cómplice en todo el montaje. Fue ella, Cristina, quien anduvo con mensajitos al móvil a la una de la noche. Pendiente, ella también, de que todo saliera bien.
Y salió.
Había jugado Lola al despiste. ¿El traje? Vino bien, era adecuado, correcto para la ocasión. Mas no imprescindible, nada hubiera pasado si, en lugar de ir tan guapo y elegante, hubiera ido igual de guapo con mis vaqueros habituales. ¿La previsión meteorológica de la que Lola estuvo tan pendiente? Secundaria al final. Sólo era porque preveía que no podríamos aparcar cerca y el agua nos incomodaría en el posible paseo. En cualquier caso, la tarde de ayer fue magnífica y nosotros tuvimos suerte: aparcamos el coche según el sevillano modo de hacerlo en la misma puerta.
El sábado se le ocurrió a Lola que debía llevar puesto un antifaz hasta llegar al lugar aún no sabido. Por fortuna para mí, no encontró el adecuado, sólo antifaces carnavaleros que obviamente no venían al caso. Prometí que iría con los ojos cerrados. Aceptó la promesa y luego, llegado el momento, me levantó el compromiso de cumplirla.
Fui, por tanto, con los ojos bien abiertos, atento al perfil egipcio que Lola me ofrece mientras conduce y reconociendo el paisaje, el suyo y el de mi ciudad.
A las seis y cuarto de la tarde de ayer, tras varios intentos que comenzaban a mosquearme, logré que la corbata cayera justo en mitad de la hebilla de la correa. Todo en orden. A las seis y veinticuatro, Lola me llamó al móvil para decirme que pasaba a recogerme. Magnífica Lola, impresionante dentro de su vestido. Comenzamos el camino. Mediado el mismo, recordamos que la cámara fotográfica la hemos dejado del salón en el ángulo oscuro, de su dueña tal vez olvidada…no habrá por ello, no hay, prueba gráfica del acontecimiento (Cristina, que pasa por aquí, podrá dar fe).
Voy reconociendo los lugares porque nada ajeno tienen, porque los he pisado mil veces. Menos mal que nos gusta ser pulcros con la puntualidad y por ello íbamos que tiempo suficiente: un par de obras y de calles cortadas provocaron un desvío no previsto. Llegamos sobrados de tiempo, sin embargo. Con una hora de antelación, según me confirmó la mujer que quiero. Aparcamos perfectamente, en la puertita. Acababa de descubrir la sorpresa, supe el lugar. Digamos que el continente estaba claro y que ya sólo me quedaba el contenido. Me lo desveló antes de bajar del coche. Supo por mi cara que acababa de emocionarme, que había acertado de pleno. Le di un beso que con sabor a años y complicidades, a sueños y enfados, a almohada y niños (Domingo, por cierto, me dijo después, cuando pasamos a recogerlo y por causa del dichoso traje, que si yo era otro papi. Luego, ya en casa, me acompañaba en el dormitorio mientras me lo quitaba y me ponía el pijama y, además de enseñarme la churrita porque su hermana le había dejado señalado un pellizco, ¡ay!, ya reaccionó. Me dijo literalmente: con la corbata eras otro papi, pero ya eres el papi antiguo), a palabras dichas o no dichas, a caricias dadas y caricias en espera, a amistad y deseo, a amor y a olores cercanos, miradas brillantes y deseos tan conseguidos que son tocables.
Teníamos tiempo. En una cafetería cercana Lola pidió un café (ella es de cafés eternos) y yo una cocacola (o un cocacola, según el también modo sevillano de decirlo).
A las siete y media esperábamos en la puerta.
A las ocho menos veinte entramos.
A las ocho menos cuarto vi a Cristina mientras me dirigía al baño y supe entonces de su complicidad. Me alegró que fuera ella, la quiero mucho. Lola sabía (¿qué narices no sabrá de mí?) que me iba a llevar esa alegría.
A las ocho menos diez ya estábamos sentados.
A las ocho menos cinco comentamos que la gente tenía la manía de ser impuntual.
A las ocho y cinco anunció una voz, por megafonía, que quedaban cinco minutos para que todo diera comienzo.
A las ocho y diez se apagaron las luces. También me emocionó esa oscuridad, soy un pelín sensiblero.
Natalia Millán comenzaba el monólogo de “Cinco horas con Mario” en el Teatro Lope de Vega mientras yo, antes de concentrarme plenamente en la obra, volvía a pensar que me gusta vivir al lado de mi Lola egipcia, de sus manos como jeroglíficos donde me descubro cada día que paso a su lado.

23 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Sólo escribiendo la crónica te habrás emocionado casi tanto que al escribirla. Transmites con intensidad lo afortunado que te sientes.

Un abrazo, OP (Otro Papi).

Blimunda dijo...

Sabía que te iba a encantar...

Lola Montalvo dijo...

Preciosa la descripción y tan magnífica como habrá sido el disfrute de tu sorpresa. Las «Lola» son así. :D
Besos miles

Lisset dijo...

Amigo, eres sin duda, un hombre con mucha suerte. Es que Lola es mucha Lola y tú estás enlolado, sin duda. Besos mil.

Capitán dijo...

¡Qué bien, esas son las buenas sorpresas, y encima eres "dos papis"!

Er Tato dijo...

Pues vaya sorpresón... el que me he llevado yo.

Cuando te hice aquí, en una especie de guiño a las pistas que dabas en aquella entrada, este comentario, "...ayer fui al estreno, es un decir, de Cinco horas con Mario, pero claro, ni el Lope de Vega está al aire libre ni me puse traje.", jamás hubiera pensado que ésa sería la sorpresa. Y ni conozco a Cristina -o eso creo-, ni a Lola, a tu Lola, claro

Un fuerte abrazo

P.S.: Magnífica la obra y una grata sorpresa la interpretación de Natalia Millán, ¿verdad artista?

SUSANA dijo...

Lo dicho... Lola es una diosaaaa egipcia, desde luego! (tiembla Hathor!)

Querido Amigo, tu relato ha sido sabroso y demás preguntarte si la has pasado de maravillas ¿qué duda hay?

Muchas Gracias por compartir este bocado delicioso de vida con nosotros! Y vamos, al altar! con ofrendas a la deidad...es tu turno de agasajarla como corresponde!

Besos, Besos y mil Besos para ambos!

Las hojas del roble dijo...

Como siempre, emocionando, mamoncete...
Un abrazo

mangeles dijo...

¡¡¡Preciosa sorpresa¡¡¡

Besos

Du Guesclin dijo...

Fantástica sorpresa, aunque la forma que tienes de relatarla no la desmerece para nada.

Saludos.

Cris dijo...

Doy fé jeje... Juanma que hasta yo que conocia toda la historia estaba intrigada... como me sorprende esa forma que tienes de narrar. Qué grande es Lola y qué ilusión tenia por que todo saliera a la perfección... y mmm Qué bien te sienta el traje!

Fernando Moral dijo...

Menudo sorpresón. El rey del monólogo interior en el interior de un monólogo. No se le escapa nada a tu Lola.

Un abrazo.

América dijo...

Hasta el final en suspenso,pasando por el pasaje de la anécdota de tus hijos jajaja...Menuda sorpresa que ha dado para mi otra entrada maravillosa....Emoción de la bonita.

Abrazos!

aniki dijo...

Tus palabras no dejan duda alguna de la emoción que aún sientes por tan agradable sorpresa.

Besosssss.

Leticia dijo...

De diez, de principio a fín.

Menalcas dijo...

Bueno y al final como compensastes a Lola? No me lo digas seguro que una buena cena y... Perdona si soy un atrevido, pero me gusta bajar a la tierra de vez en cuando, sobre todo si el motivo es bueno. Un abrazo señor y me gusta que disfrutes tanto en el teatro como escribiendo esto, se nota.

Juan Manuel dijo...

Vamos tocayo, que me has intrigado tanto con tu misterioso relato como con el comentario que has dejado en tu blog.
Dices tanto con lo que cuentas como con lo que callas.
Eres un canalla sabiniano. Un abrazo con corbata.

Juan Manuel dijo...

Quería decir "en mi blog"

sevillana dijo...

He estado entrando en tu blog para saber sobre la sorpresa que te preparó Lola y dos días que no entro y vas tu y la cuentas, es que soy un desastre.
Ya me gustaría a mi una sorpresita como esa.
Besos para ambos

El Naranjito dijo...

Eres un taco de afortunado. Dale a tu musa Lola felicitaciones de mi parte.
Un saludo.

María Socorro Luis dijo...

Sólo felicitarte por lo que tienes, dentro y en los alrededores...

Muxus pa'todos

Dama dijo...

Qué bonito... qué suerte tenéis.

mangeles dijo...

BESITOSSSS....

Se te echa de menos.