domingo, 7 de agosto de 2011

Este blog soy yo...



Nunca tuve del todo claro aquello de que quien bien te quiere te hace llorar. Nunca hasta ahora, claro. Y no, no es que haya alguien por ahí que, queriéndome bien, se empeñe en ver de qué color son mis lágrimas. No voy por ese lado.
Quien bien me quiere, quien mejor y más lo hace, soy yo. Y sí, me empeño en hacerme llorar para comprobar de qué color son mis lágrimas. Luego, cuando reacciono o mientras procuro reaccionar, me voy dando cuenta de que para nada, o poco, sirve esa reacción. Bueno, sí, para algo sí: para pasar malos tragos, los del vino tabernario que tomo siempre en soledad.
Hay cosas que no cambian.
He bebido, mucho, en soledad. Me da miedo pensar en otras épocas. No sé hasta dónde llegué a llegar. No sé hasta qué punto tuve que preocuparme y no lo hice. Tenía siempre abierto el minibar y cerrado el corazón. Hoy permanece de par en par el minibar. Y el corazón no puede estar más abierto, no da más de sí.
¿Qué es este blog? Este blog soy yo. Mis manos van por delante para no dejarme mentir y para evitar la proclamación abierta de verdades descaradas, pero este blog soy yo. Siempre ha sido así. Desde su primera entrada. De alguna manera extraña, sin que lo parezca en tantas ocasiones, yo soy siempre yo.
Mi cabeza es, a un tiempo, aliada y enemiga. Cuando opta por la primera opción soy un tipo encantador, irresistible. Cuando el camino es la segunda opción no hay quien se acerque a mí. Entre otras razones porque soy yo quien se aleja. Prefiero que así sea porque de esa manera, aunque pudiera parecer lo contrario, el daño es menor.
Llevo cuarenta y un años intentando domeñar al enemigo que llevo dentro. Ya he dicho que he bebido mucho en soledad, pero necesita un matiz esa declaración: bebía con él, conmigo, con mi enemigo astuto e imparable. Y el caso es que siempre termina venciendo, el muy cabrón. Me conoce tanto que sabe perfectamente dónde me quedo sin defensas.
Pero hasta aquí hemos llegado. Ayer mismo, sin ir más lejos, mi enemigo sufrió su primera derrota. Desde ahora confío en estar lo suficientemente armado como para que siempre sea así. Terminaré por aburrirlo porque tampoco quiero zaherirlo. Soy buena gente. Él hace daño. Yo no.
Viejos amigos, en nuevos reencuentros, me hablan de mí. Y el caso es que los escucho pensando que lo hacen de otro, que es imposible que yo fuera aquel que todos afirman que fui. Tú siempre has tenido mucho peligro, Juanma, me dicen unos. Cómo puedes no acordarte de aquella noche, me dicen otros. Pero vamos a ver...si tú has sido un buen prenda, dicen los que quedan. Voy escuchando mientras mi memoria toma tranquila el sol.
Este texto, que tan poca literatura contiene y tanta verdad acumula, me va saliendo en cinco minutos. Cinco minutos más es la canción elegida para acompañarlo. Tengo razones para ello. Pero mis manos, tan adelantadas ellas, evitan que proclame abiertamente verdades descaradas.
No, nada quiero que finalice.
Esa debería ser, y será, la frase final: no, nada quiero que finalice. Así que escribo el final principiando por su final. Lo que hay antes queda más o menos así: si mi corazón continúa tan abierto como lo está hoy, ahora mismo, esta mañana....si mi enemigo rumia su derrota...si sólo quiero dejar de estar en un rincón neutral...si las risas compartidas y los gestos cómplices son protagonistas...si me miran como alguien me mira...si miro igual...si no me equivoco...si pudiera matar por cinco minutos más...no, nada quiero que finalice.

5 comentarios:

La gata Roma dijo...

El “yo” que escribe suele ser más auténtico que el “yo” que habla…
Siempre he dicho esa frase, y tal vez también es aplicable a ti. No es que no seas auténtico cuando hablas, pero al sentarse a escribir, como dices, las manos van por delante y…
Por eso este blog es tuyo, como tú…
Teniendo en cuenta mi última entrada, mi blog es yo, un coñazo interminable, jejejeje

Kisses, y suerte con los enemigos que habitan dentro de ti, son los peores, o los mejores… tal vez los más fuertes…

Menalcas dijo...

tú eres todo, el de dentro el de fuera, el que bebe el que no, el prenda y el otro y eso esta bien, me dijeron: me gustas tú y tus defectos y por eso te quiero y porque cambiar, que tampoco es tan facil. Enfín querido amigo me siento muy reflejado en lo que escribes pero no beberé por eso mientras haya gente que me quiera por ser así. un abrazo

Lola Montalvo dijo...

Antes de conocerte me gustaba tu blog, tu forma increíble de escribir, de decir esas cosas que casi nadie puede hacer bien, de mostrar esos sentimientos que son tan propios que uno tiene el doloroso rubor de airearlos a la lectura de extraños... Pero ahora te tengo en mi cabeza con rostro y voz, con mirada inteligente y sonrisa fácil en los labios, con manos volando del cigarrillo a la cervecita y a tus peques y a tu Lola. Y te leo y recuerdo lo que mi preciosa y preciada Adela me contaba de ti.
Eres tú. Siempre has sido tú... la honestidad de tu entrada deja en paños menores toda esa brillante literatura que ha brotado de esas manos que se te adelantan. Por eso vuelvo a leerte siempre, a verte en tus fotos, aunque no comente... aunque no diga. Porque leerte es sentir eso de «yo también quiero así...», porque, a veces, aunque no me creas, me reconoco en tus palabras.
Y en esta entrada, más que en ninguna.
Besos miles, amigo.

Ranzzionger dijo...

Preciosa confesión, amigo. De todas formas, no creo que fueras tan peligroso, que quien desnuda así sus sentimientos, suele ir de frente. Los malos son los que vienen escorados.

Olga Bernad dijo...

Ay, Juanma, seguramente lo que tú sabes de ti no agota lo que eres (tampoco lo que olvidas). Serás este blog... y muchas otras cosas. Pero, ¿sabes lo que me ha hecho sonreír? Tu actitud ante el enemigo es la misma que la mía. Enemigos interiores y exteriores. Prefiero aburrirlos que zaherirlos, prefiero alejarme. Ellos hacen daño. A mí me educaron para apretar los dientes. Lo malo es cuando no dejan que corra el aire, entonces pasa lo que pasa... Márcale bien el círculo de tiza a ese enemigo, y nada de beber a solas;-)